Primera semana en rumbo

Planteada la primera lista de molestias del camino, ahora llega el momento de ir desgranando las actividades realizadas hasta la fecha durante la primera semana en rumbo.

10 de diciembre de 2020

Mis niveles de angustia han sido moderadamente bajos, con algunos picos puntuales que han despuntado y caído por intervalos. Claramente, este no es la clase de pónos que espero conseguir, y sin lugar a dudas, soy consciente que el desgaste que esto supone, lo inhibo de forma constante.

Como ejercicios realizados esta semana en rumbo, he iniciado los pónoi con algunos enseres que ya venía tratando con anterioridad hace unas tantas semanas.

11 de diciembre de 2020

Día vacío, sin ningún tipo de ejercicio realizado. Este tipo de días son los que claramente dejan en entredicho la teoría.

12 de diciembre de 2020

Por el mismo camino del 11 de diciembre, observo en esta semana en rumbo que uno de los mayores impedimentos de la ejecución de los pónoi puede que tenga que ver con el ordenador. Kaczynski en su manifiesto, sugería que la computación nos subyugaría en vez de nosotros dominarla a ella.

A priori podría pensarse que se hablaba de esa IA que trataría de adquirir el poder, pero yo creo que en línea con la idea de la Escuela Cínica, cualquier avance tecnológico podría ser en el fondo una forma de expansión del espacio de confort, es decir, de hedonismo ¿Es posible que la tecnología sea, per se, una forma de inhibir la voluntad y de potenciar el hedonismo insaciable?

Mi problema es que mi trabajo, mi carrera «profesional», y toda mi vida gira entorno a la informática, desde que llego la primera CPU a mi vida allá a principios de los años 90. Recuerda al caso del personaje que encarnaba Edward Norton en su oficina

Escena de la oficina de El Club de la Lucha

13 y 14 de diciembre de 2020

Curiosamente los días que más ejecuto conforme a los pónoi, son los días que menos tiempo dedico para estar reflexivo. Estos dos días han sido relativamente activos, o al menos varias veces mucho más activos que los anteriores. Lo que observo cuando «me activo» es que mientras que estoy en ese estado de malestar, relativizo todo de manera significativa, siempre y cuando, desde un patrón de generalización.

Por citar un ejemplo, si tocara una mierda de perro con la mano, quizá el primer impulso sería ir a lavarme las manos para quitarme la mierda de encima. Pero lo interesante de este efecto, es que mientras que tengo la mierda de perro, seguramente estaría dispuesto a tocar otras cosas que con mismo símil, me causaran semejante asco, por ejemplo, tocar los desechos acumulados en un desagüe con la misma mano.

Dos hechos aislados que causarían asco visceral a la mayoría, unidos generan cierto grado de indiferencia por similitud. Como dice el dicho popular: «ya me da lo mismo 8 que 80«. Pues algo así, obviamente dentro del rango de esfuerzo al que me he sometido estos dos días, es lo que me ha pasado. Algo sin duda en lo que debería seguir profundizando.

15 de diciembre de 2020

Día pasivo, aunque reconozco que tengo, de momento la voluntad para ejercer, parece que voy dejando pasar la oportunidad por delante de mí. Un par de encontronazos con objetos que me han perturbado, pero he aguantado el tipo sin evitar (en demasía). Quizá debería pulir esto o quizá, como comentaba en el día de ayer, empujar para generalizar mejor lo más nimio. Sea como fuere, un día pasivo es un día perdido. Veremos mañana el último día de la semana que ya de antemano se presenta un poco truculento (porque tengo que ejercer actividades, que van muy al margen de los pónoi, pese a que tengo intención de dejar un espacio para los mismos).

16 y 17 de diciembre de 2020

Últimos dos días de la semana, haciendo una recapitulación, ha sido un desastre bastante grande. Salvo los días de pónoi en los que se ejerció en parte, conforme a la ética propuesta, el resto ha sido un «pasapalabra» muy sistemático y absurdo.

Habrá que empezar la segunda semana con más determinación.

Meditación de la Semana

Si al sentarme de buena mañana delante del ordenador ya supone un impedimento para ejercer con fuerza los pónoi, tendré que, muy a mi pesar, iniciarme en los ejercicios recién levantado antes de encender la máquina, y pasado suficiente tiempo, proceder con el protocolo laboral. Me pregunto: ¿me ayudará esto a incrementar mi voluntad de ejercitarme sucesivas veces a lo largo del día, pasada la primera?

¿Qué me impide ejecutar conforme a los pónoi? Toda y cada una de las acciones que giran en torno a mi vida, están diseñadas para posponerlos, postergarlos. Es puro vicio: cualquiera diría que el ser humano está diseñado para postergar por defecto el dolor, el sufrimiento, pero yo pienso que es simplemente una rutina que antepone los deberes. Al igual que hay muchos que se levantan por las mañanas temprano a ejecutar conforme a su deber, y otros no esperan hasta altas horas de la mañana para salir de la cama, lo mismo ocurre con esto: sé lo que hay que hacer, pero no ejecuto conforme a ello. Voluntad parece que hay, pero determinación no.

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