Una octava semana tambaleante

Pese a haber pensado que se había salido de la séptima semana y el pequeño stop en el camino, la octava ha iniciado un poco turbulenta dado que han surgido ciertos acontecimientos inesperados. Lo interesante es que como informaba en el día cero, realmente la ventaja de haber salido de Madrid, es precisamente la ventaja que hará que este tambaleo, no destruya por completo el trabajo hasta la fecha

¿De qué se trata el tambaleo? Yo ya había estimado el primer día, que por estadística, la posibilidad de encontrarme con uno de esos estímulos que todavía no han sido alcanzados y resultan aterradores, pudiera darse en cualquier momento. Lo cierto es que con el paso del tiempo, ni tanto se han dado, ni tan aterradores tienen por qué ser, dado que el factor condicionamiento por deshabituación o extinción, se desvanece con el tiempo, al no encontrarse el estímulo presente cada, día, literalmente. Este era el problema de vivir en Madrid: que el estímulo se repetía constantemente y esto es lo que nos lleva a la meditación de la semana.

Deberes de la semana

Por un lado toca «retomar» lo perdido cuanto antes por ese tambaleo. Por otro lado, toca seguir avanzando un poco. Sencillo pero lo suficientemente duro para ser un Pónoi de provecho. Algunos dirían que este proceso es más largo que la construcción de la Sagrada Familia. Lo es.

  1. Retomar lo perdido en el tambaleo
  2. Retomar el último bastión de la casa, el patio que ha sido pospuesto hasta la fecha
  3. Primera toma de contacto con manos de una zona del exterior de la casa

Días 12 de Mayo al 15 de Mayo

Se empieza la semana fuerte, con tres días seguidos trabajando en retomar lo perdido. Si bien hay un elemento que tengo ahí en el tintero, con ganas de deshacerme de él porque me resulta completo, todavía lo estoy barajando y quizá al final lo retenga para poder proceder con futuros avances. Todo depende de como fluctúen los próximos días. Parece broma pero este tipo de escrito motiva para ejercitarse y no dar un paso atrás

Día 16 de Mayo

Primera toma de contacto con manos en exterior, ya iba tocando y creo que esto servirá, no solo para este objetivo, sino para asentar otros puntos de la casa, que bajo mi criterio estabán siendo «perdidos» lenta y de manera inconsciente. Uno de los problemas de los Pónoi, es que si bien inciden en el efecto de habituación, sin un ejercicio constante y a ser posible, lo máximo variable y sistémico así como holístico dentro del contexto, se acaban perdiendo y se vuelve a favorecer el confort y el vicio de la evitación innata, ajena a la Razón. Siempre hay una vocecilla que invita a mejor «estar tranquilito» que ansiarse por ansiarse.

Día 17 al 20 de Mayo

Últimos deberes a ejecutar hasta el último día de semana, la retoma del último patio de la casa (aunque hay un punto interior que quizá merezca la pena trabajarlo en algún punto porque no es solo punto particular e incisivo de acceso de cucarachas, sino que además es lugar donde acostumbra a cagar el perrete, y cuya limpieza de momento no es intensiva, con lo cual se torna especialmente poco pulcro para el esparcimiento, quizá lo considere para el futuro pero como algo paralelo, no como un deber de avance per se, o sí).

A lo largo de los tres días, se ha ido haciendo este trabajo progresivamente y ya está terminado así que procedemos a cerrar la semana y a iniciar la siguiente con voluntad renovada.

Meditación de la semana: sobre el cambio de contexto

Si bien resulta muy desagradable hasta el punto de uno querer replantearse todo lo ejecutado hasta la fecha, por otro lado resulta motivador hasta cierto grado, mientras que en otro contexto, era un continuo martilleo completamente desmotivador. A modo de reflexión sí que es cierto que uno de los terapeutas más consagrados en este tipo de trastornos, incidió en el hecho que cierto grado de maleabilidad en el contexto podía ayudar en el trabajo de los Pónoi, y hasta Epicteto sugería que el escalonamiento de los esfuerzos era requisito imprescindible para un Prokopton.

Pero en contrapartida, muchas veces deseamos cambiar de contexto de manera forzosa sin compromiso al cambio. Ambos deben ir de la mano. Un compromiso, escrito si cabe, junto al pase al nuevo contexto. Cambiar por cambiar, no solo puede ser inútil, sino también contraproducente, dado que al suavizar los requerimientos de malestar, nuevo espacio para el confort inundará nuestra rutina y por consiguiente, nuestro malestar se duplicará o triplicará en función del grado de cambio de contexto que hayamos aplicado. Por eso el cambio es una espada de doble filo y debe ejecutarse de manera cautelar y con un plan previo a ser posible con base a los Pónoi previamente establecidos y si cabe posible, situados en una línea de tiempo.

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