Duodécima semana: ¿buen momento para retomar?

Después del enorme parón de la undécima semana ya va tocando retomar la situación donde lo habíamos dejado y empezar a incorporar nuevos Pónoi, para que no decaiga esta travesía.

Ahora nos enfrentamos a un serio problema que está haciendo que el progreso se esté dando de manera turbulenta y seriamente tortuosa. La ejercitación en este problema será un Pónoi necesario a manipular en los próximos días.

Meditaciones para los deberes de la semana

Pasados más de 6 meses desde el inicio, y la mitad de este tiempo documentando el proceso, ahora es de necesidad, encabezar la duodécima semana, con el problema y la situación presente, para que a lo largo de la semana podamos ir planteando a ver como lo encauzamos y proponemos nuevos trabajos para darle salida a este problema que causa un entaponamiento en el Prokopton.

Introduciendo el problema de los santuarios

En primer lugar encontramos un serio inconveniente que no habíamos tratado con anterioridad y cuesta hacerlo realidad. Por experiencia sé, que la mayoría de nosotros, cuando tomamos la determinación de ejercitarnos en los Pónoi, parece que siempre buscamos guardar un lugar de «seguridad» para saber que siempre podemos volver atrás en caso de que las cosas se pongan malditas, y nos preocupe pensar que no seremos capaz de soportar el malestar interior que genera el ejercicio de los Pónoi de manera perpetua.

Es como aquel que se va a vivir una vida ermitaña o la vida asceta de un monasterio, pero se deja en el banco una buena suma de dinero, por si acaso, uno decide volver atrás. En el fondo, ese «colchón» que siempre nos da seguridad en cualquier aspecto de la existencia, es a su misma vez, un lastre para nuestro progreso.

En nuestro caso, hablamos de un escenario que deberíamos denominar «ansiedad a la contaminación completa de nuestro entorno». Determinar «este colchón de seguridad» se torna un poco oscuro. El objetivo consiste en ir dejando una serie de puntos de la casa, a los que siempre podamos «recurrir» como una especie de «santuario limpio y puro«. Resulta un poco absurdo, pero se dichos lugares guardan como oro en paño.

En nuestro caso ahora, se observan los siguientes puntos clave que llamaremos, «el santuario». Quizá, con algo más de introspectiva, existan más puntos, pero de momento los siguientes son los detectados:

  1. La cama para ir a dormir: solo se usa para ir a dormir, después de la ducha diaria. Por lo tanto, si un día se sale a la calle, para ejercitarse en los Pónoi, al volver parece preferible no volver a «tocar la cama», para poder mantenerla como santuario que es. ¿Los motivos? Por experiencia pasada, saber que la cámara está contaminada, como es lógico, genera ansiedad. Cuando dicha ansiedad, por motivos del proceso (como por ejemplo haberme ejercitado en un Pónoi para el que no estaba plenamente preparado), parece que no quiero aceptar dicha ansiedad, pero uno piensa que debe aceptarla a toda costa para seguir avanzando. Entonces, al meterme en la cama en ese estado de vicisitud (en el que prefiero no hacer, pero debo querer y hago), la capacidad de descansar esa noche se reduce a cero. Vamos, que no se duerme en toda la noche. Y al día siguiente uno se levanta como la mierda, y ya no rinde en todo el día. Y hasta que no se da solución a esto, por ejemplo cambiando las sábanas, el sueño sigue perturbado en sucesivos días. Por el simple temor a esta sucesión de acontecimientos y mal dormir, siempre he preferido dejar la cama como santuario (es decir, nunca acostarme sin haberme duchado antes) y esto, como la cuenta en el banco de seguridad, es la primera trama mortal.
  2. Por otro, lado y otro punto clave a destacar es el contacto con el agua. Por alguna razón el agua se vuelve ángel y demonio en el proceso de descontaminación. Ángel, porque aplicada el suficiente tiempo y con jabón, se convierte en el descontaminante por naturaleza. Pero Demonio, cuando aplicada sin jabón, se convierte en el «contaminante definitivo», dado que un agua contaminada llega al 100% de las partes del cuerpo. Por ejemplo, si toco el pomo de una puerta de un vehículo, y luego con esa mano la sumerjo en el agua de una bañera o piscinita, pero sin enjabonarme, es como si dicha agua pasara a estar «contaminada» al completo. Pero si yo me sumerjo el cuerpo al mismo tiempo en dicha bañera o piscinita, es como si cada pequeño resquicio de mi cuerpo, pasara a estar «contaminado». Desde ese momento de contaminación integral, cualquier cosa que hiciera, como sentarme a trabajar en la silla, o en cualquier sitio, significaría, estar contaminando plenamente tal sitio. Es como que el agua, no deja margen alguno para dejar algo del cuerpo sin contaminar. Es como asumir que ha sido una exposición definitiva, completa, integral hasta nueva ducha con jabón. Por eso llevo pensando desde hace un tiempo que un truco para «solidificar» los Pónoi para mi caso particular, está en darse un baño en una pisicinita, después de hacer una exposición, y seguir ejercitándose a lo largo del día. ¿El problema? El mismo que en el punto número 1: si algún día por algún casual, hay que sobreexponerse a algo a lo que no se está preparado del todo, entonces el golpe es demasiado duro y es como que ya no hay vuelta atrás. Meterse en la piscinita o bañera tras una exposición es como si decidiéramos irnos de ermitaño, regalar todo nuestro dinero y posesiones, y al cabo de los 2 meses, darse cuenta que odiamos la vida del ermitaño y queremos volver a casa. Ya no hay casa, ya no hay nada, y estamos en la mierda sin poder dar solución a nuestra situación «indeseada».

Por estos motivos, tanto en el punto de la cama, como el punto del agua, parece como que las exposiciones son caminos de un solo sentido y dar el paso en esa línea es aceptar definitivamente, que ya nunca habrá vuelta atrás (o al menos la vuelta atrás será extremadamente dolorosa, quizá incluso más que mantenerse al frente).

Y la cuestión que aquí nos hacemos es: ¿Si hemos tomado la determinación en frío y premeditadamente, siguiendo los designios y el deber que nos dicta nuestra Razón y Logos interior, de ir hacia un camino, por qué, en caliente, guiado por una Pasión puntual, deberíamos preferir marcha atrás en cualquier punto de nuestro ejercicio?

Ejemplo ilustrativo del problema de los santuarios

Pongamos un ejemplo que aplica al caso que este diario nos atañe. Un día vamos paseando por la calle, y de pronto un gran camión se acerca, levantando una polvareda enorme de la carretera y pasa por nuestro lado, momento en el que solo vemos polvo por todo nuestro alrededor. En ese momento se «activan las alarmas» de nuestro interior: acabamos de ser «contaminados» por dicho polvo (polvo del suelo, contaminado), y lo más lógico sería irse a duchar cuanto antes para retirar dicho polvo contaminado de nuestro cuerpo.

Pero ¿cuánto deberíamos considerar «mucho polvo»? ¿Cuánto no es una excusa para, salir y que al poco que algo nos moleste, ya sea motivación suficiente para la ducha descontaminante? Supongamos que vamos andando y un coche levanta algo de polvo, quizá no suficiente para vernos sumidos por el polvo a nuestro alrededor como en el ejemplo del camión, pero lo suficiente para sentirse «contaminados por el polvo».

Pongamos que en un acto de valentía, decidimos que no ha sido tan «duro» y es momento de ejercitarse en los Pónoi por lo acontecido, es decir, sintiendo ese malestar, pero no huyendo como un pavo despavorido a ducharse por tal acontecimiento. Además, nos bañamos en la pequeña piscinita de 2×2, nos sentamos en nuestro escritorio, almorzamos y nos ponemos el pijama y a la cama, pero durante todo el día hay algo en nuestro interior que nos dice que no estamos «preparados para aguantar esto» y es como que una parte de nuestro interior, quiere huir de dicho acontecimiento lo antes posible.

A la mañana siguiente, nos levantamos perturbados con la incertidumbre de que no vamos a poder aguantar esto mas tiempo, y que la solución solo pasa por huir y ducharse.

Aquí podemos ducharnos. El problema que:

  1. Ya nos fuimos a dormir y contaminamos la cama
  2. Ya nos bañamos en la piscinita y contaminamos el agua
  3. Y todo aquello que fuimos tocando por el camino, ya fue contaminado en consecuencia

Ahora parece que toca deshacer lo hecho: vaciar el agua de la piscina, cambiar las sábanas y quien sabe, tirar y limpiar lo que se pueda tirar y limpiar. Arreglar lo roto, arreglar los focos contaminados. Si es que de verdad tuviéramos que darle algo de credibilidad a todo esto para mejorar nuestro falso estado anímico pasional.

La pregunta realmente que surge es de pura culpabilidad: ¿para qué se decidió aguantar en primer lugar? ¿Cuáles son las presiones del medio que ejercen dicho aguante? O mejor aún, ¿por qué huir ante tal circunstancia? ¿Por qué no aprovechar el paso en ese Pónoi para seguir ejercitándose en esa línea? Por ejemplo, estar abierto a más y mayores polvaredas provocadas por los camiones que pasan por la calle.

El otro día pasó algo parecido: comiendo una lata observé un detalle que por mi conocimiento sobre qué tipo de personas pudieron haber manipulado dichas latas, hacía que dicha lata fuera de un nivel de molestia desmesurado. Personas que considero de grado altísimo en mi escala de los Pónoi. Y llevaba ya 2 días comiendo las latas. En ese momento de «pánico» mi decisión pasó por crear una especie de «estado de excepción» y que gracias a haber mantenido mis santuarios sin contaminar (la cama, la piscinita), pensé que la cosa no iría a mayores y podría resarcirme de esta angustia.

Pero esto tiene trampa: a fin de cuenta es como que divido mi día en dos partes: lo que viene antes de la ducha, exposiciones y la dureza de los Pónoi, que toca aguantar de buen grado, y la tranquilidad y el sosiego de lo que viene después de la ducha a partir de las 8 o las 9 pm que va tocando. Echar el día sufriendo un poco y la noche sosegado.

La trampa de los santuarios. Así es como se resuelven las cosas de manera fraudulenta, cuando conservamos santuarios de cualquier tipo, ya sea ese dinero en el banco, eso que viene tras la ducha, o los «nuevos jóvenes» que se quedan a vivir con sus padres hasta los 40 por esa seguridad que les aportan.

Deberes de la semana: posibles soluciones al inconveniente de los santuarios

Lo qué está 100% claro en este punto es que los santuarios deben caer ya. Uno no puede irse de asceta con una buena cuenta en el banco.

El objetivo de esta semana va a ser particular:

  • Trabajar en empezar a eliminar al menos uno de los dos santuarios, en principio
  • Buscar soluciones definitivas al problema de los santuarios y como abordarlos con más determinación.

Una primera estrategia pasa por seleccionar bien las veces que se va a ejecutar lo que podríamos llamar «exposición completa», que consiste en exposiciones sin vuelta atrás. En gran medida esta es una mejor forma de fijar y asentar las exposiciones previstas para que se conviertan en verdaderos Pónoi consistentes. En caso de que haya habido un fleco, pues no se termina la exposición completa.

Existen dos problemas a esta estrategia:

  1. Deja «demasiado evidenciados» los flecos, haciendo que la caída ante los mismos sea mayor. Muchas veces, dejar esos flecos en la «zona gris», hace que, tras una descontaminación como una ducha, parezca que no «ha pasado nada» y se pueda proceder en sucesivos días como si nada. Pero al dejarlos ahí evidenciados pueda parecer como que eran «más duros» de lo que de verdad lo fueran, se enquisten y hagan una bola de nieve de retroceso en el Prokópton. Así que esta primera estrategia, si bien puede resultar útil muchas veces, puede convertirse en una espada de doble filo.
  2. Puede que algo intenso que haya pasado se pase por alto a priori, y que luego con el paso del día, uno se dé cuenta de que fue más duro de lo que originalmente se percibió, y se quiera recular (como el ejemplo de las latas de comida anterior). No va a ser tan frecuente como el primer problema, pero es algo residual y llamativo que no puede desdeñarse.

Una segunda estrategia que se me pasa por la cabeza, como medida de ataque ante el segundo problema, es introducir una exposición de tipo doble o nada. Cuando por motivos de la existencia, se decida aceptar para avanzar en un Pónoi imprevisto como el de las latas, pero necesario, duplicar la apuesta exponiéndose uno a otro estímulo adicional y también imprevisto de entre los programados para futuras semanas. Sería una forma de empujar el carro a toda costa duplicando todo. En cierto grado, al introducir un golpe de efecto inesperado, puede que lo «indeseado» se naturalice mejor.

Pero ante el primer problema todavía no me queda clara una posible respuesta. Seguiremos meditando a lo largo de la semana sobre ello.

En el fondo, esta semana va a ser una especie de recapitulación de todos los Pónoi ejercidos hasta la fecha, pero integrándolos con estos santuarios que han ido quedando a un lado (y obviamente asentando esto de cara a futuros trabajos para no dejarlo rezagado). Así que en adelante iremos documentando este proceso en el Hypomnemata.

Además, y finalmente con esto nos preparamos para lo que llamo, la Fase 2 a iniciar a partir del 24 de julio. La Fase 2 pasa por empezar a incorporar todos los elementos públicos de manera directa: billetes, pomos de puertas, botones, echar gasolina, y demás cosas que la gente aleatoria tiene contacto de manera cotidiana.

A su misma vez, estas nuevas exposiciones hay que integrarlas al máximo, y obviamente, habiendo desechado definitivamente los santuarios. Es decir, exposiciones completas y sin santuarios. Además no es coincidencia que la Fase 2 inicie a partir de esta fecha, dado que precisamente el 22 de julio empiezo con la vacunación del virus lo que en teoría dará la ventaja de poder relacionarse mejor con el medio público sin esa «ansiedad o miedo adicional» que genera, estar tocando cosas, y luego no poder lavarse las manos como medio preventivo (aunque no descarto usar algo de hidrogel de tanto en cuanto hasta que llegue el momento de la segunda vacunación definitiva, dado que no satisface a nivel «purificativo»).

Días 19 al 1 de Agosto

Tras estar probando diferentes estrategias, realmente no existe un punto claro de resolución. Generalmente al aplicar la segunda estrategia, parece como existe un efecto rebote, por esa especie de ejecución forzada y no verdaderamente intencional. En cambio la primera estrategia parece un poco más viable.

Sí es cierto que limita muchísimo los trabajos de exposición, pero hasta el momento es la que se ha estado probando con todo lo ejecutado hasta la fecha y lo que resultados más consistentes viene trayendo. Así que a pesar de que no existe o no se ha encontrado una «estrategia ideal» para abordar este problema, vamos a ir avanzando con esta, que es la más consistente (más considerando que el objetivo es conseguir resultados consistentes, no temporales que luego causen la necesidad de recular y dar uno o dos pasos atrás, innecesariamente).

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